Yo ejecutiva, tú enfermero

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By admin marzo 7, 2010 13:40

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Pese a los avances en la igualdad entre hombres y mujeres, todavía persisten prejuicios sexistas sobre lo que mujeres y hombres han de estudiar

La idea de la igualdad entre mujeres y hombres ha calado definitivamente en la sociedad. Esta idea también se ha desarrollado en el ámbito de la educación, y así, a la hora de estudiar una especialidad u otra no existe ningún tipo de impedimento ni para ellas ni para ellos. No obstante, un estudio publicado por Emakunde revela que aún son muchas las ramas académicas y profesiones feminizadas y/o masculinizadas.

Este fenómeno de feminización y masculinización de especialidades puede, todavía hoy, jugar en perjuicio de las mujeres. Tal y como explica la directora de Emakunde, María Silvestre. “La segregación educativa explica las diferencias salariales y el que, todavía hoy en día, haya profesiones que estén menos reconocidas”. “Lo curioso de todo es que las mujeres son mayoría en estudios superiores, en general sacan mejores notas, y no obstante, se sigue dando el efecto tijera”.

Según Silvestre, en la base están “las expectativas de comportamiento inculcadas cuando somos pequeños y es ahí donde no se potencian las mismas habilidades”. “Este condicionamiento es el que obstaculiza la educación en igualdad de valores”.

En enseñanza primaria y secundaria es difícil determinar las diferencias entre mujeres y hombres, y la proporción de alumnos y alumnas dependerá principalmente de la distribución demográfica. Sin embargo, a partir de entonces, se puede averiguar por la rama que cada estudiante escoja.

Como dato global, el estudio indica que en Formación Profesional (FP) sigue habiendo más hombres que mujeres y casi el 60% cursa formación profesional de grado medio. Esta distancia se incrementa hasta un 66% en centros públicos y disminuye hasta el 51,7% en lo privados. La tasa neta de escolaridad que ha calculado entre alumnos de 16 y 17 años de FP es el doble en chicos que en chicas. En lo que a bachiller se refiere, hay más mujeres que hombres ya que en el curso 2007/2008 la tasa neta de escolaridad en el grupo de edad 16-17 era de 73,2 en mujeres y 58,4 en hombres.

Según los datos que maneja la investigación, el porcentaje de mujeres que estudian en bachiller es el 52,7 y el de hombres 47,3. El número de alumnas de grado medio es el 40,2% y de alumnos 59,8%. En el caso de los estudios de grado superior, el porcentaje de ellas asciende al 43,8% mientras que el de ellos al 56,2%.

Diferencias por rama

En relación a las diferencias por especializaciones, del estudio se desprende que en bachillerato hay diferencias acusadas, tal y como sucedía en años anteriores. Por ejemplo, un 76,9% de las mujeres se matriculó en 2007/08 en la modalidad de Artes y el 32,7% en la modalidad Científico-Técnica. Además, en Ciencias de la Salud, en Humanidades y en Ciencias Sociales, de cada 10 matriculados, 7 son mujeres.

Atendiendo a los datos, en dicho curso, en la especialidad de Humanidades, había 510 mujeres y 189 hombres; en la de Ciencias de la Salud, 1.824 chicas y 684 chicos; en la de Ciencias Sociales 1.782 mujeres y 886 hombres; y en la opción Científico-Técnica 1.009 chicas y 2.073 chicos. Estas diferencias a la hora de elegir los estudios, tiene correlación con los estudios universitarios escogidos, resultados que también recoge este estudio.

Más de lo mismo sucede en Formación Profesional, donde, además de que sea mayoritario el número de estudiantes masculinos, hay ramas exclusivamente feminizadas o masculinizadas.

En grado medio, de las 20 ramas que existen, sólo en 4 hay un número equiparable de hombres y mujeres: en comunicación, imagen y sonido, en artes gráficas, en hostelería y turismo y en industrias alimentarias. El exceso de feminización se da en los estudios relacionados con la imagen personal, la sanidad o servicios socioculturales y a la comunidad. Por el contrario, madera y mueble, fabricación mecánica, electricidad y electrónica, mantenimiento de vehículos autopropulsados, actividades marítimo-pesqueras, son, entre otras, las ramas masculinizadas.

En grado superior, sólo 3 de las 21 especialidades tienen una distribución igualitaria. Estas ramas son artes gráficas, química, y comercio y marketing. Son mayoría mujeres en estudios de imagen personal, textil, confección y piel, y servicios socioculturales. En el lado opuesto se sitúan los estudios de electricidad y electrónica, la actividad marítimo-pesquera y mantenimiento de vehículos autopropulsados.

Para evitar el fenómeno masculinización y feminización, María Silvestre considera que “hay que educar en igualdad para que cada uno pueda elegir desde la individualidad”. Asimismo, advierte que educar en valores de igualdad no sólo es trabajo de los centros educativos, también la familia y los medios de comunicación tienen su responsabilidad.

Enseñanza universitaria

Las Universidades, son instituciones que no se muestran ajenas a las leyes de igualdad explica Silvestre. Muestra de ello es la Dirección de Igualdad de la UPV/EHU creada en 2006, el equipo de igualdad creado en la Facultad de Ciencias Empresariales de Mondragon Unibertsitatea o algunos de los másteres que ofrecen las universidades vascas, entre ellos uno de igualdad de Deusto que tiene como directora a la propia directora de Emakunde.

Por otro lado, la Ley 4/2005 obliga a las universidades a promuevan la igualdad de oportunidades además de fomentar la participación equilibrada y a velar por que en la docencia se integre la perspectiva de género, no se emplee un lenguaje sexista y se incorpore el saber de las mujeres y su contribución social e histórica al desarrollo de la Humanidad.

Pero no por ello hay menos carreras feminizadas o masucilinizadas. En el caso de la UPV/EHU, el estudio concluye que la perspectiva de género sigue determinando la elección del área de estudio y no se cumple el principio de igualdad deseable (40/60).

Así, mientras la presencia de alumnos en Artes, Ciencias de la Salud, Ciencias Sociales y Humanidades se ubica en torno al 30%, las alumnas no llegan al 33% en la rama Científico-Técnica.

“A pesar de que cada vez más mujeres estudian Medicina o Administración y Dirección de Empresas, todavía en ingenierías no hay apenas mujeres”, explica Silvestre. Solamente coinciden tanto mujeres como hombres en sus elecciones en carreras como Magisterio, Administración y Dirección de Empresas y Diplomatura en Ciencias Empresariales. Las principales titulaciones demandadas por las alumnas son Enfermería y Medicina, y son los hombres mayoritarios en ramas Científico-Técnicas como Ingeniería Técnica Industrial o Ingeniería Industrial.

En general, de las carreras que tienen un menor número de matriculaciones, la presencia de los hombres es mayor en Ciencias de la Actividad Física, Ciencias Políticas y de la Administración, Ciencias Políticas y Sociología, Economía, Estudios Eclesiásticos, Filosofía, Física, Geografía e Historia.

En las carreras que más estudiantes acogen, las feminizadas son Diplomatura de Nutrición y Dietética, Pedagogía, Traducción e Interpretación, Psicopedagogía, Trabajo Social, Ciencia y Tecnología de los alimentos, Educación Social e Historia del Arte. Por el contrario, Marina Civil, Máquinas Navales, Ingeniería Técnica e Informática de sistemas, Ingeniería en Automática y Electrónica Industrial.

Sin embargo, el estudio muestra que estas diferencias dependiendo de la modalidad universitaria, no sólo se dan en la UPV/EHU, sino que se da en el resto de las universidades del Estado, tanto privadas como públicas.

Además, esta línea diferencial continúa si se atiende al número de personas que realiza la tesis doctoral. En los doctorados vinculados con Ciencias Experimentales y Salud, y Humanidades, es mayor la proporción de mujeres, en Ciencias Sociales y Jurídicas, hay una representación igualitaria y en Tecnología, son más los hombres elaborando su tesis. En total, el porcentaje de mujeres doctorándose es el 53,5% en la UPV/EHU, 54,7% en Deusto, y 36,2% en Mondragon Unibertsitatea.

Ante las diferencias de género existente, Emakunde considera que “sería aconsejable establecer líneas estratégicas o prioritarias de atención en aquellos centros en los que las diferencias entre mujeres y hombres sean especialmente acuciantes”. “Que haya muchas mujeres trabajadoras sociales, educadoras sociales, psicólogas, ect., es positivo, pero hay que hacer un planteamiento estructural y analizar el trasfondo cultural y el porqué se escoge una rama u otra”, concluye Silvestre.

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